Mar de Anhelo

Mar de Anhelo
Instalación
9 pinturas
Acrílico sobre tela
24 cm x 18 cm c/u
Corina Briceño

Video monocanal a color (loop)
duración 6 minutos
Rodolfo Graziano

La red, ese espacio virtual por el que millones de mensajes transitan cada segundo, cubriendo la casi totalidad de la esfera terrestre. Millones de emisores y receptores que tejen, justamente, un entramado similar al que los pescadores han empleado desde el más remoto pasado hasta la actualidad.

 

Una forma relativamente nueva de hacer que la presencia humana viaje de un continente a otro, de una localidad a otra, de una forma de pensar a otra.

 

El mar, fuente de vida, medio de transporte, aloja cables submarinos de comunicación y permite que las ideas y los pensamientos se trasladen física o digitalmente, a través de olas u ondas, en naves, o mediante las telecomunicaciones. La analogía es perfecta: red, ondas, viajes, comunicación, transporte, diálogo.

 

La ironía, infaltable condimento de la condición humana, hace posible el juego de las imágenes y las ideas que se generan y evolucionan, crecen, se distorsionan, se trasladan y llegan, a menudo convertidas en otra cosa, haciendo eco en el otro, causando alivio o dolor, informando o desinformando.

 

La imagen análoga dialoga con la imagen digital. Lo poético del medio tradicional es descubierto y revelado por la luz que implica el medio digital.

 

El oleaje de un mar de leva, que se desarrolla y viaja para llegar a otras latitudes, encuentra eco en las burbujas que, convertidas en líneas, producen la luz que revela la imagen original, más cercana al sentir y vivir.

 

La nostalgia se inspira en la memoria de lo que fue, en el pensamiento propio. Lo que parece real, produce un impacto y cuestiona esa nostalgia para proyectarse a través de una visión más cruda, no necesariamente cierta, simplemente más cómoda y cercana.

 

La red, la de los mensajes cruzados, que llegan instantáneamente sin importar la distancia, ofrece la ilusión de la comunicación, de la cercanía.

 

Ir en búsqueda de lo desconocido, de lo intuido, de lo anhelado, de lo que puede ser, ha sido y será siempre un motor que nos lleva a explorar, a querer saber.

 

Las rutas marítimas, pensadas aquí como ondas de información, llevaron a los navegantes rumbo a lo desconocido. El oleaje de la información digital nos lleva, con la misma curiosidad y anhelo, a un encuentro que bien puede traducirse en entendimiento o en desencuentro.

 

Las imágenes de la superficie (pintura) y las del fondo del mar (video), permiten dos perspectivas del paisaje y recuerdan también las posibilidades de interpretación que ofrecen ambas. La luz solar vista desde el fondo en contraposición a la tormenta vista desde la superficie y proyectada contra el horizonte.

 

Para una visión menos pesimista, se suma ahora la imposibilidad de viajar y transladarse libremente, lo que le da un nuevo valor a la virtualidad de las comunicaciones.

 

La red es revisitada como un medio casi único, de reencuentro, de esperanza, de posibilidad.

 

El oleaje va y viene, al ritmo de las mareas, así como ocurre con nuestros pensamientos, con nuestras ideas, con nuestras necesidades y anhelos.

 

El movimiento es perpetuo, no hay un inicio ni un fin. Simplemente es, simplemente estamos; realidad real o realidad virtual, universo único o multiverso.

 

Corina Briceño & Rodolfo Graziano

DESCRIPCIÓN DE LA INSTALACIÓN

 

La instalación está compuesta por dos elementos: una serie de cuadros que componen una imagen única y una video proyección (mapping).

 

Nueve pinturas colocadas lineal y secuencialmente, una tras otra, representan la recreación de una serie de fotografías tomadas por Corina Briceño en el Estrecho de Magallanes y en las costas de Venezuela durante una tormenta.

 

El video combina animaciones de líneas que se convierten en burbujas y dan paso a la luz que “descubre” la imagen pictórica.

 

Una vez “desvelada” la imagen de los cuadros, el video proyecta una cuadrícula que, animada, se convierte en ondas digitales y hace un barrido sobre la imagen pintada.

 

Esas ondas dan paso, nuevamente, a un haz de luz que muestra la totalidad de los cuadros.

 

Se crea así un diálogo entre la imagen análoga y la digital. Un contrapunto entre la imagen real y la virtual. 

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